3.- La gente buena ondi que le da agua a los perritos de la calle.
4.- Ir algymy liberar endorfinas.
1.- Pintar
gatitos♥.
2.- Hacer dibujitos para regalar.
3.- Los días nublados en verano y los
paseos en bici.
4.- Leer con y por amor.
Pronto, al igual que muchas y muchos, regresaré a clases. Mis vacaciones
estuvieron lindas. Hace mucho no disfrutaba tanto el ocio veraniego.
Espero que también haya sido provechoso para ustedes y la vuelta a clases sea
de lo mejor♥.
Los domingos son los
únicos días que me levanto temprano por amor y pura voluntad propia (menos en
vacaciones, claro está). Toda mi vida he ido a la feria que se pone cerca de mi
casa los domingos para comprar frutas y verduras casi no transgenicas, pero
desde hace algún tiempo he descubierto la gracia y la dicha de comprar ropa,
accesorios y cachivaches usados, únicos e irrepetibles por muy poca plata.
También, ahora en mi
vida, decidí invertir más en ropa reciclada y así ayudar a las personas que se
ponen a vender cachureos en la calle y solo gastar más en pantalones, zapatos,
bragas y corpiños. No puedo ser cínica y
decir que no amo Topshop, porque no
es la verdad. Se me desorbitan los ojos y lloro sangre cada vez que entro a una
tienda y no sé si es por la emoción o por lo caro que es, pero quiero ser consciente de que en muchas de
esas tiendas crean ropa desechable, no de muy buena calidad y esclavizando a
muchas personas pagándoles un moco por coser y coser ropa. La industria de la
moda, al ser tan gigante y millonaria,debería pagar precios justos a las personas por su trabajo, creo yo.
Le declaro mi amor
sincero y eterno a la feria. A los feriantes y su coquetería innata, al regateo
y a los infinitos tesoros que pueden encontrarse en ella. Para mi tener estilo y
vestirse bonito no siempre pasa por usar marcas caras y estrumbirúndicas. Además, en la feria todo es más barato. No siempre todo es de buena calidad, pero venden cosas únicas que pueden ser restauradas.
Tengo muchísima ropa y
accesorios de la feria. Mucha de ella es de marca y no pagué mucho por tenerlas. En la
feria tengo un casero, el Giovanni, que
siempre hace precios y si te llevas cierta cantidad de ropa te regala algo. Siempre
teniendo la opción de cambiar la prenda si te quedó chica o no te gustó como te quedó.
Estas son algunas fotos de cosas- de infinitas que tengo- que me he comprado en la feria , por no más de dos lucas cada cosa.
Cuando iba en el colegio, y aún daban El club de los tigritos en las
tardes, tenía un grupo de amigas muy locas y bonitas. Todas con gustos extraños
y personalidades curiosas. Con el tiempo, y su ajetreo, algunas desaparecieron
y otras perduraron. Una de ellas: la más alta, la más flaca y la más potona,
estaba obsesionada con una serie de monitos chinos que tenían las patas muy
largas, según yo. Después de clases
corría a su casa (o la casa de quien fuera) para ver Marmalade boy. En los 25 minutos, aproximadamente, que duraba el
anime, mi amiga dejaba ver en ella distintos síntomas de locura. Hablaba sola. Lloraba.
Pataleaba y maldecía a un tal Yu y Yinta. Yo la miraba con cara de tristeza y preocupación.
Nunca entendí el gusto de ella por la
serie. Me convencí que era la edad del pavo la explicación de su extraña
obsesión otaku adolescente. Pero no
fue hasta ahora, muchos años después, que entendí el vínculo de mi amiga con La familia crece. Por alguna extraña razón decidí comenzar a
verla. La busqué y, para mi suerte, encontré todos los capítulos en youtube. Desde un principio enganché y
comenzó mi regreso a la pubertad. Las desdichas amorosas de la protagonista me
llegaron al corazón y no precisamente porque me sentí identificada. Presumo que
el SPM fue responsable de esa parte.
El anime japonés conocido en Chile
como Marmalade boy: La familia crece,
está basado en un manga (historietas japonesas) creado por Wataru Yoshizumi en
1992. La protagonista de la historia es Miki Koishikawa. Una chiquilla de 16
que anda con las hormonas a flor de piel por no decir vueltas locas, porque
suena feo y no es tan así. El drama comienza cuando los papás de Miki deciden
divorciarse y vivir con sus nuevos pololos (que también eran un matrimonio). Miki
se cambia a una casa más grande junto a sus papás, sus parejas y su hijo
Yu, con el que Miki tiene un idilio amoroso y cambia a su antiguo amor Yinta.
Ya voy en el capítulo 20 y algo y he
sido muy feliz. La trama es muy simple en comparación con otros animes más
modernos, pero a pesar de ello se destaca, como siempre, la inmensa creatividad
de los japoneses para inventar historias de amor que se alejan de lo
convencional.
Su estética fue lo que más me sedujo
y conquistó. Los tonos pasteles, la ropa noventera, y las típicas cositas kawaiii muy de nenas se han ganado mi
corazón estas vacaciones.
A pesar de que odio, con todas mis fuerzas, cuando Miki
arranca frente a cualquier situación complicada de la vida y me dan ganas de
cachetearla, recomiendo ver esta serie a
pata suelta en estas noches de verano. El doblaje es pésimo, pero todo lo demás
es hermoso y los hará sentirse unos otakus amorosos y muy kawaiii.