Mi mamá siempre dice: “uno
propone y tatita dios dispone”. Y no sé
si es cierto. No sé si tatita dios tiene ganas y tiempo para inmiscuirse en las
situaciones de nuestras vidas y en el libre albedrio. Tampoco sé si tatita dios tiene todos esos súper
poderes de los que se hablan. Lo que sí sé y sí comparto es que a veces no debemos
planificarnos tanto. Siempre puede pasar
que ¡Puaf!, nuestros planes se van lejos, se nos rompe el corazón y nos morimos
un rato.
Soy bastante cínica al decirles
que no se organicen tanto, porque soy de aquellas personas que anota todo lo
que debe hacer -mucho Toc y mucho temor a olvidar-. Sin embargo, a pesar de que
Pedrito Engel me aconsejó que para este
año debo dejar que todo “fluya”, he ideado una estrategia para vivir ni tan a
tontas y a locas, gozando la buena vida y la poca vergüenza, pero siempre con
objetivos muy realistas.

Mi plan está dividido en dos partes: “cosas que debería hacer en la semana” y “cosas que debería hacer antes de irme al cielo”. Escribir lo que me gustaría vivir. Mis metas semanales serán humildes: ver los videos que me faltan de la Frannerd, echarle aire a la rueda de la bici, salir a pasear en bici, juntarme con Pedro, Juan y Diego, comer helado, hacer ejercicio para botar el helado, ver los doramas que hace rato me han estado seduciendo y hacer galletas. Cuando pienso en lo que me gustaría vivir antes del cielo, me pongo más seria: pesar siempre 50 kilos, convertirme en bailarina de girly style, adoptar a un gato, adoptar a un perro, ir a Corea, ir a Japón, viajar mucho, comerme un completo, ver todos los doramas que existan, trabajar por amor y dinero, vivir sola, enamorarme de un bacán, ser menos gruñona e ir a algún concierto de Daddy Yankee.
La idea de los “Objetivos
semanales” la he visto en algunos blogs, pero en muchos suele destacarse lo
profesional y/o académico, antes que las cosas simples y tontas que pueden
hacernos felices. Es por eso que apelo a pensar, escribir y vivir todo aquello
que nos guste.
@Camilaacuatica